Salón
El punto de llegada. Se toma un café antes de una reunión o una copa después de una cena, sin reservarlo con antelación.
El club ocupa una planta entera en el centro de Málaga. Nada de open space: cada sala tiene su función y su puerta, con la misma paleta de fondo blanco, madera oscura y latón envejecido.
El punto de llegada. Se toma un café antes de una reunión o una copa después de una cena, sin reservarlo con antelación.
La sala más silenciosa del club. Sin llamadas, sin reuniones: solo para leer o pensar con la puerta cerrada.
Se reserva por horas para reuniones de socios. Cabe una mesa de seis, no más: no está pensada para presentaciones grandes.
Abierta de marzo a noviembre. Es donde terminan casi todas las cenas, con el puerto iluminado al fondo.
El latón se deja envejecer a propósito. Es la única concesión decorativa en un espacio que, por lo demás, se sostiene en líneas rectas y superficies limpias.
La reforma partió de una idea simple: quitar antes de añadir. Suelos de madera oscura, paredes casi desnudas y una única línea horizontal de luz que recorre cada sala, como un horizonte dentro del edificio.
No hay pantallas ni logotipos a la vista. El espacio se piensa para la conversación, no para la fotografía.
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